martes, 13 de septiembre de 2016

La construcción del camino lector


Leer es algo más que descifrar, aunque toda lectura suponga un desciframiento. Leer es construir sentido. No sólo se “lee” lo que está cifrado en letras. Se “lee” una imagen, la ciudad que se recorre, el rostro que se escudriña...Se buscan indicios, pistas, y se construye sentido, se arman pequeños cosmos de significación en los que uno, como lector, queda implicado. 
Mucho antes de disponer del lenguaje, un bebé “lee” el mundo que lo rodea, busca señales, anticipa acontecimientos según esas señales, registra lazos de significación entre un tono de voz, un rumor de fondo, un ruido de pasos por el pasillo y la desazón, o el consuelo. El movimiento de una cortina, cierta luminosidad, el contacto con la colcha de la cama algo “le dicen”. No se trata de un significado que está allí de antemano, no es cierto que ese movimiento de la cortina, esa luminosidad o ese contacto con la colcha estén preparados para decirle lo mismo a cualquier otro bebé. El ha construido la significación, es resultado de su trabajo. 
Sin embargo, está claro que esa “lectura” mínima de quien todavía no dispone del lenguaje resultará invisible. No queda registro de ella en ninguna parte. Sólo, tal vez, en situaciones excepcionales, alguien muy cercano y lo bastante intuitivo podrá acaso –leyendo a su vez pequeñas señales– tener algún atisbo de ella. Muchas de nuestras “lecturas” privadas, íntimas, siguen siendo de ese orden, invisibles, toda la vida. El universo de significados que armamos al contemplar un paisaje, o un cuadro, al mirar las escenas de una manifestación en el noticiero de la televisión o recoger los indicios del paso de un extraño por una habitación muy conocida por lo general queda dentro de los límites de nuestra conciencia. 


"La construcción del camino lector" de Laura Devetach

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