Pensar
la lectura como formación implica pensarla como una actividad que tiene
que ver con la subjetividad del lector: no sólo con lo que el lector sabe sino
con lo que es. Se trata de pensar la lectura como algo que nos forma (o nos
de-forma o nos trans-forma), como algo que nos constituye o nos pone en
cuestión en aquello que somos. La lectura, por tanto no es sólo un
pasatiempo, un mecanismo de evasión del mundo real y del yo real. Y no se
reduce tampoco a un medio para adquirir conocimientos.
"La experiencia de la lectura", de Jorge Larrosa
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